Mi amigo Ciriaco me ha enviado un cuento que escribió hace algunos años cuando sufrió la pérdida de un ser querido. Quiero compartirlo con vosotros porque refleja en parte el sentimiento que tenemos muchos de nosotros de que mi padre se encuentra ahora en un lugar mucho mejor.
Estoy en lo alto de un acantilado, el aire me roza el rostro, veo a mis pies un barco que sale del puerto, todas las velas desplegadas, el timón recto al horizonte, le acompañan los graznidos de las gaviotas y el surcar de los delfines en el agua sonriendo. Pasa el día. El atardecer da paso al ocaso y las velas comienzan a desaparecer y la linea del barco se hunde en el agua desapareciendo poco a poco, "ya está, ya se ha ido", le digo al viento. Al otro lado, en la otra orilla ,alguien que juega en la playa avista la vela , y sale corriendo cantando en jolgorio y alborozo: "ya está, ha llegado, ha llegado".
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1 comentario:
Es una preciosa historia que nos hace pensar en lo relativo que es todo. Muy acertado tu amigo Ciriaco al recordarla en un adiós a un ser querido. Vuestro padre seguro que ha llegado ya a la otra orilla y que lo habran recibido con los brazos abiertos. I con pancartas, seguro!
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